Patrullero Sinaleonse




Es un trabajo que nunca acaba, ni aunque me lo imaginara pasaría, siempre va haber un malandrín que no sabe vivir en sociedad, y a esos yo los tengo que agarrar, por el bien de todos”
Oficial Avilés, Departamento de Armería

La ciudad de Los Mochis es húmeda, el sol empapa las camisas de los oficiales mientras vigilan la Leyva, o van rumbo a los canales del Fuerte. Van montados en su patrulla, con suerte les toque la troca para salir a terracería, son carros imponentes y es mas fácil maniobrar en caso que se necesite. Hoy no hay noticia de algún evento violento, solo un muchacho en bicicleta que no quiso dar su nombre al oficial que se lo pidió en la calle, de aspecto sospechoso será consignado a la delegación para ver si no tiene algún antecedente que no halla pagado. Seguro es un vendedor de droga, con bolsitas de cristal o algunos gramos de mariguana que vende a los vagos de la ciudad. El clima en esta ciudad es un poco menos violento que en Culiacán, donde todos saben el narco ha amenazado a la ciudadanía con balaceras y matadero por todos lados. Allá abajo en el estado sinaloense, ser policía es uno de los trabajos más peligrosos, están metidos en medio de una guerra entre carteles de la droga, y es a ellos quienes les toca pagar con la vida misma por esa lucha de poder. El presidente mexicano mantiene una política fuerte en contra del narcotráfico, le ha invertido una buena cantidad de dinero a las fuerzas de seguridad para que efectúen esa batalla contra los capos y sus sicarios.

El Comandante Nicolás Galaviz sabe de la responsabilidad que tiene en sus manos. Es encargado de todo el cuartel policiaco de la ciudad de Los Mochis en el municipio de Ahome, y sabe que sus decisiones puede ser determinantes para la lucha contra el crimen organizado, pero también sabe que estos se pueden echar a sus muchachos si andan descuidados, que incluso en una de esas le puede tocar hasta a él. Solo Dios sabe, solo él cuida al que lo merece.
El oficial Guadalupe Martínez me lleva por el cuartel, me enseña un poco de la indumentaria que los policías usan en su lucha contra el crimen del día a día. No es fácil me dice, ellos tienen dinero, tienen armas de alto calibre, ellos no tienen deberes con nadie. Allí es donde nosotros les damos, nosotros actuamos en equipo, nosotros hacemos una lucha por un bien común, aunque en esas a muchos de mis compañeros les toca la huesuda.

El cuerpo policiaco es bien entrenado, hay andan por un año en los húmedos calores de la academia policiaca de Culiacán. Les enseñan de la teoría, de los derechos humanos, de la defensa personal, del manejo de armas. Tienen que estar preparados, estar al tiro como dicen ellos. Si los delincuentes tienen armas sofisticadas, entonces nosotros tenemos que invertirle en equipo más nuevo. Todo esto es caro, pero no se puede andar allá afuera en las trincheras salvando al mundo si no estamos a salvo nosotros mismos, me dice el oficial Guadalupe Martínez.
Es puro mito eso que los policías no tienen buen equipo, que tiene que pagar su balas o que sus pistolas no sirven. Eso se viene trayendo desde cuando los policías eran quienes tenían revólveres, épocas de abuelos, dice el oficial Avilés. Es encargado de la armería y me muestran el equipo con detalle. Cada uno de los 780 miembros del cuerpo policiaco cuenta con armas 9 mm y una escopeta de alto calibre. Según el servicio que den alguno de los oficiales se les puede asignar alguna armas mas poderosa, las R-15 de alto calibre, que fácil se dan al tiro con las metralletas “Cuerno de Chivo” que gustan mucho usar los sicarios del narcotráfico.

En las mañanas llegan a la comandancia para recibir sus respectivas ordenes . Cuando un policía anda en servicio anda con pareja en la patrulla dando el rondín. Cada quien es asignado a su ruta, cuenta con sus armas y equipo de comunicación satelital. La patrulla del oficial Avilés es asignada a la zona rural del Guayparime, a 20 minutos de la ciudad de Los Mochis. Toman la carretera como si fueran a Culiacán, pero mucho antes entran a terracería entre sembradíos de maíz y ranchos ganaderos. Al pasar por el poblado de Guayparime reciben una llamada al 066 sobre una casa que presumen es tiendita de droga. Los elementos mas cercanos van averiguar el llamado y al querer ingresar al perímetro de la casa, son recibidos por una potente ráfaga balas. Presumen sin dudar que sean de alto calibre. Sin mas que los revólveres, los policías no pueden andar de héroes, pican el botón de emergencia de su radio satelital, y de esa manera la señal es recibida directamente en el cuarto de comunicación del cuartel policiaco. En ese momento son avisados todos los elementos del cuerpo policiaco. En armería son repartido los rifles R-15 y también se llama a elementos de la PFP y los marinos acuartelados en Topolobampo. En la lucha contra el narco, una señal como esa significa que todos se unen para la lucha, es de todos el merito obtener una victoria que todavía es difícil de lograr.

Los oficiales saben que cada que salen a cubrir una balacera tienen que ir con cuidado. Saben de su responsabilidad a con la gente, saben que deben protegerla, pero saben que también deben velar por su propio pellejo, eso no los hace nada cobardes, sino cuidadosos, una cualidad que van desarrollando con el tiempo de trabajo, el cayo como dicen los locales.

De la balacera sale un detenido, sombrerudo bravo que escupe púas en cada palabra altanera. Lo trepan al pickup de la policía municipal y será llevado de inmediato a las instalaciones en Los Mochis. Allí, en dactolopia se le toman sus datos, sus huellas dactilares, y cualquier seña particular del susodicho. Apenas se acaba de incluir un nuevos sistema de identificación electrónica, lo cual a facilitado la identificación de sospechosos y delincuentes del todo el país. Del dedo índice izquierdo del sombrerudo testarudo se sabe que tiene órdenes de aprehensión en Sonora y Baja California. Por portación de arma que solo pueden ser usados por el ejército mexicano. Desde allí, ya que se le saca su fotografía y se le arma el archivo correspondiente, será consignado a la Procuraduría Federal para que sean ellos los encargados de enjuiciar al posible narcotraficante.

Después de un evento así, al siguiente día despiertan, desayunan huevo con machaca y besan a su hijo antes de que salga para la escuela. Su traje azul esta planchado y en la cama, lo portan con orgullo, con su placa que los reconoce como guerreros del orden y regresan al cuartel para continuar con su ruta, asegurando que la seguridad impere en la ciudad sinaloense. Se hace constante en ellos un estado de alerta, mas no por ello dejan de sonreír por pequeños detalles fuera de la cotidianidad. Se despide con una sonrisa, atributo distintivo del sinaloense. A lo lejos se va su patrulla y prende la radio. Suena alto la tambora.

1 comentarios:

Unknown | 1:38 a.m.

estas son las noticias ke vendes?