La Revolucion Verde los iraníes








La Revolución verde de los Jóvenes Iraníes.

 

Por Renné Sánchez.

 

La calle que delinea el perímetro de Hyde Park en Londres, se  invade de un verde limón sobre las  hojas de los árboles que miran con curiosidad el tumulto que se reúne a sus raíces. Al otro lado de la calle, la bandera  iraní cuelga como ropa en tendedero sobre el asta que emerge de la embajada. No se mueve. No hay aire, solo las respiraciones de hombres y mujeres, jóvenes con ojos envueltos en furia y su alma envestida al combate. El deseo de cambio, el sufrir del exilio. Las jovencitas lucen enormes ojos de esmeralda, pero aunque no son obligadas por ley a usar la burka, se tapan la cara con pashminas de seda para espantar a miedos y demonios. Los jóvenes se envuelven en largas tiras verdes, simulando las pinturas de aquellos guerreros que se adornaban justo antes de una batalla.  El verde, su color de emblema, la tierra, el color de la revolución de Irán.

 


Debajo, al otro lado del globo, por donde medio Oriente se destruye entre el polvo de ideologías y religiones, esta la tierra donde el hidrocarburo nació de la herida de Alá. Irán se encuentra en una encarnizada lucha de poder. Las elecciones entre el ya presidente Mahmoud Ahmadineyab, representante del Islam recto y conservador, contra el centrado opositor Mir Hossein Mousavi, resultaron en una cuestionada reelección del presidente. Fraude dicen los votantes.

 

Mousavi no tardo en hacer un llamado a la población, la urgencia de manifestarse, de exigir respeto por su voto, de crear la resistencia civil. Un pueblo iraní cansado de un gobernante que solo se concentra en buscar los reflectores mundiales con amenazas al mundo Occidental y comentarios incitadores como la mentira del Holocausto en vez de los problemas en casa, provocó en la gente el ánimo de salir a la calle y enfrentarse en contra del sistema político de su país.

 

Jóvenes estudiantes dejaron las aulas y salieron a la calle a tomar el centro de Teherán, su capital. Reclaman su derecho a decidir por su futuro. Portan paliacates y turbantes verdes que cubren sus caras. Gritan con furia exigiendo el respeto a su voto, que impere la democracia para todos.

 

En su mezquita, el ayatola Jamenei, máximo líder religioso, castiga con discursos la desobediencia civil, amenaza que el orden será impuesto a como de lugar. Desde ese momento los elementos militares y policíacos son ordenados a reprimir cualquier brote de insurrección. La confrontación no se hizo esperar.  Se ordena a todo reportero internacional a salir de Irán, se apagan las cámaras, se velan los rollos, se callan las voces para que ninguna imagen pueda filtrarse al exterior sobre el acto que esta apunto de consumarse en el interior de Irán. Sin embargo jóvenes iraníes utilizan las cámaras en sus celulares para documentar las golpizas  que sufren desarmados civiles por las fuerzas del orden iraní.

Lo único que se sabe de Irán en estos momentos, están en las letras de valientes bloggeros, en las imágenes que suben día a día a plataformas como Facebook o Twitter.

 


Se escuchan las balas de goma, cámaras de gas que humean el panorama, gente que corre ciega con trapos en la cara. La joven Neda sabe que esta es una batalla que ella también debe luchar.  Sale a la calle. No teme a los elementos de seguridad, les grita, les ordena que respeten lo que el pueblo ha decidido. La policía empuja a la turba. Se escuchan balazos. Neda siente el piquete de un mosco en el pecho. Se aleja por la calle, sus dedos sienten donde el piquete una honda grieta hasta los abismos de su cuerpo, se derrama al pavimento. Gente que la mira corre en su auxilio, la sostienen, tratan de bloquear la herida, piden auxilio, un joven se acerca grabando con la cámara en su celular, ella lo ve, y mientras un arroyo de sangre recorre su piel, sus ojos desaparecen en un blanco abismo, su alma se retira de un cuerpo sin vida.



El video de su muerte es subida a la red enseguida. Sin restricciones vuela por el mundo. Neda, cuyo nombre en lengua farsi significa voz o llamado, se ha vuelto el mártir del movimiento. Muchachas usan su imagen como símbolo, la mantienen viva en las fotografías que portan en cada manifestación. Tal vez su cuerpo ya no exista, pero por alguna razón, ella y su voz quedaran vivas por mucho tiempo mas.

 

En Londres, inmóviles policías ingleses miran los iraníes que llegan uno a uno a la manifestación. Los iraníes exiliados se amontonan sobre la valla que los contiene. Banderas ondean al aire, repiten en una sola voz, que termine la dictadura, que respeten la democracia. Con un megáfono, una mujer liderea con cantos, exclamaciones con verdades vestida en poesía. Se reparten velas entre los asistentes. Se mira a muchos jóvenes luchando por algo que no han vivido, pero acaso les es inconcebible imaginar, detrás están los ancianos que alcanzar a recordar su niñez en su país, algunas madres liberadas de la burka llevan a sus niños, que miran sus manos pintados de verde y sonríen cuando mandan la señal de paz y amor. Portan  mantas donde se lee sobre el respeto al voto democrático, s obre la libertad de Irán, que pare toda violencia ejercida contra los estudiantes iraníes, que caiga la dictadura de Ahmadineyab.

 

La tarde cae, llevan varias horas manifestándose frente a su embajada que ahora parece como fantasma. Ninguna cara se asoma, ni para dialogar ni para insultar. Eso no hace flaquear a los jóvenes, dos se instalan a la entrada del enrejado y con un bote de pintura verde, tatúan de verde las caras de los asistentes. Adentro, todos de verde asemejan un ejercito vegetal.

 


Sobre la banqueta han armado un pequeño altar a Neda. Varias velas derretidas por el fuego yacen frente   su fotografía. Entre la gente se reparten las ultimas velas. Se encienden acompañadas del silencio por todos aquellos que han sido ultimados por el régimen islámico  en Irán. Un poderoso silencio, esos que explican mas que palabras o discursos. Mientras a miles de kilómetros en su patria se lucha en las calles, desde lejos la comunidad iraní apoya por el cambio , no bajan la cabeza, saben que en sus manos, en sus voces esta el arma del cambio. Y los jóvenes dicen, si nosotros somos el futuro, entonces nosotros decidimos como lo queremos.

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