Red de Estaciones



A la fotógrafa poeta



Pensamiento diario. Me levanto temprano, no importa la hora, solo saber que estas despierto, ojos con lagañas de duda, con que objeto despertarme en la mañana, una casi tan igual como la de ayer. Mejor aun, con que objetivo estoy aquí perdiendo el tiempo pensando en eso, tan siempre cuestionándome todo, sin nunca llegar a nada, sin estar ni ser, que ha llegado a un punto donde mi cuerpo ya no espera mis razones, sino cansado de tanto deliberar, actúa por su cuenta. Pero la mente se aferra con uñas, sin entender la repetición de los casi mismos actos, de levantarse con café, de buscar la misma oficina, de presionar las mismas teclas, y en general de razonar sobre las mismas cosas. He perdido la noción del tiempo, me ha dejado abandonado. No recuerdo ayer, no doy cuenta de mis pasos, hoy es insignificante ,es, floto, funciono enteramente en piloto automático.



Todos los martes. Hoy es martes, martes de café con Mónica. Nos reunimos en el Café Ático de Zaragoza . Es un lugar normal, donde nos ignoran lo suficiente para que el café no se enfríe y podamos estar sin ser molestados. Como de costumbre Mónica pide capuchino frío, yo café negro. Todos los martes. A Mónica le gusta empezar las conversaciones, le gusta continuarlas y concluirlas. Desde que comienza yo solo la veo, me concentro en sus ojos e intento escucharla. Miento. La veo a los ojos, pero los apago, parpadean a un ritmo mas lento, respiro por la nariz, bajo mi ritmo cardiaco hasta que hay un momento en que dejo de verla. El café abandona su aroma, absorbo el liquido como con la nariz tapada, sin sabor, solo entra a intentar llenar el vacío de mi estomago.



Mónica esta conmigo por que me ha vuelto su sesión de costumbre de cada martes. Lo se. La seguridad que da la rutina de evitar al pensamiento que autojuzga. Una visita no tanto obligada, me necesita ver así, decadente, para notar que su situación no es tan mala, también porque realmente le importo un poco y necesita encontrar que tal vez ella influye en la búsqueda de mi propia mejoría, y principalmente para desahogar las penas del día a día que la inundan y que en este mundo, nadie quiere escuchar.



Yo claro, no evito su visita, pues hasta dentro de esta relación dicótoma, ella es parte de un orden que no puedo ni intentaré cambiar. Si esta aquí conmigo, es por que así ella lo quiere y no voy a negar esa posibilidad. Así que me siento a terminar mi café, intentar leer sus labios para entender alguna palabra de lo que dice.



- Estas mas delgado- me dice sin recibir respuesta



- Damián, has bajado de peso- con una mirada filosa, directa, no apta a interpretaciones.



La veo, ahora realmente la veo, y solo encojo los hombros. Levanto la taza de café y llevo un pequeño sorbo a mi boca. Enjuago mis encías con el liquido y lo ingiero. Mónica comprende que le cedo de nuevo la palabra y al instante continua, mira afuera y desenvuelve de su boca la continuación del discurso. De la nada, simultáneo a boca movediza, levanta su mano derecha y la mete a su bolso. El movimiento rompe con el orden en el ambiente y llama mi atención, enfoco en la búsqueda, la mano que desaparece en la cueva de cuero, el momento en que resurge de las tinieblas con una hoja de papel, lo aprieta contra la mesa y lo acerca a mi. El papel es cuadrado y esta impreso, pero su mano no me permite entender lo que dice.



- ¿Que es eso?- Ladeo mi cabeza sin separa mi vista del papel.



- Necesito un favor. Es para mi taller de hipnosis. Necesito llevar a un sujeto para mis prácticas - Lo ultimo lo dice sin mirarme, con una ligera mueca que interpreto como pena. Me quedo en silencio unos segundos de mas. En la hoja esta la dirección de la Universidad Autónoma del Noroeste, Facultad de Psicología. Ave Madero esquina con Flores Magón. Edificio B salón 202. Hora: 11:00 AM.



- ¿Cuando, y cuanto tiempo implica? - Pregunto seco, sin rodeos.



- Es el jueves, es solo un ejercicio del taller, serán unas preguntas básicas para aprender a dirigir una sesión de hipnosis. Te prometo que será rápido, te lo agradecería eternamente.



Poco me importan las gracias eternas, no tengo tiempo ni espacio para guardarlos, pero para la cuestión que ahora incumbe, analizo rápidamente mi instante sentado y la certeza que mañana no tengo nada por hacer. No me mataría (aunque de hacerlo ya de por si seria memorable) experimentar una sensación como la que me ofrece, que me lleven de la mano por un paseo mental, es tentador pasar el tiempo así, miro el reloj en el Café Ático, un gato negro que cada segundo mueve la cola de un lado a la vez que sus ojos al otro. Pasando el segundo y casi entrado el segundo segundo, la cola va al contrario y sus ojos se afianzan de igual manera. Cuando me di cuenta que esto continuaría eternamente, pensé que llevada horas viendo al gato en la pared y cuando recordé a Mónica, desee que ella todavía estuviera en mi mesa y no se sintiera ofendida por mi urgente retirada. Cuando vi el otro lado de la mesa, note que ella todavía estaba, tenia una mascara de duda en la cara, suspire de placer y dije.


Nada como el beneficio mutuo.



II



Intento acomodar mi cuerpo, llegar a un estado de serenidad con la mirada fija al techo. Tablones de madera sostenidos por vigas, lo que aun me permite mirar los lunares e intentar encontrar las bellezas ocultas, los ojos de algún árbol que murió despierto.



Mónica esta a unos cuantos pasos de mi, esta sentada mirando unas hojas, preguntándome por mi comodidad. Claro, si es un bonito sillón de piel, con un ángulo que nace en mi cadera subiendo por mis vértebras sin parar hasta sostener mi cráneo, viendo felizmente el techo del lugar.



- Damián - la escucho como un balbuceo – Damián - repite tomándome del brazo. Miro sus ojos, aquellos destellos solo de Mónica, tan llenos de paciencia, y me dejo comprender.



- Quiero que me digas cuando fue la ultima vez que estuviste feliz



Levanto mi cabeza para pensar, bien podría ser, ese, levanto mis manos y golpeo el sillón - este sillón es el mas cómodo en el que he estado en mucho tiempo - lo digo con una sonrisa sincera.



- Damián, quiero que recuerdes un día feliz antes de este momento- me pregunta pacientemente.



Me pongo a pensar de nuevo, pues digo no soy bueno con eso de los recuerdos, están varias imágenes, bien podría ser esa, o esa, todo es cuestión de sopesar. Inclino mi cabeza para verla y le digo - huevos estrellados con tocino y pan birote, una taza de café negro y un cigarro.



Ella hace un ruido, como una eme larga, lo dice con los labios cerrados, una ventrílocua interpretándome, desgajándome en cada palabra, en cada acto. No me gusta eso, hasta las bromas son un discurso descifrable, una carta de presentación. Decido unilateralmente que es mejor quedarme inmóvil, hacerme el muerto, expedir olores desagradables para alejar al cazador.



- Damián, quiero que respires, que aspires y expires lentamente, sin prisa alguna- dice Mónica



Obediente, decidí dejar fuera todo pensamiento de mas, adiós el mundo exterior y el circundante, apresurar mi viaje a la mente alejada de este momento, adiós tablas de algún bosque asesinado, si dije, bueno adiós, concéntrate en la voz de Mónica, en la respiración que fluye desde tus pulmones hasta la atmósfera.



Al principio mi mente no dejo de cuestionarme el uso del tiempo, deseando estar en otro lugar, en un parque viendo hojas volar. Pero luego la voz de Mónica se volvió como una marea que iba y venia sin parar. Sus palabras se volvieron gotas que chispeaban mis mejillas, y así mi voz desapareció, no sin dejar de suplicar, blasfemar, hasta transformarse en nubes que flotan lentamente por el cielo de mi mente. Los dedos de mis manos se vuelven líquidos, y al fin libero a mi mandíbula de su apretada labor de verdugo.



Al fin llego a la calma, así que esto es la calma. Cada pedazo de mi cuerpo yacía inmóvil, cuasi como la muerte, de la mano de una voz inentendible, pero fundando una seguridad a mi paso, por el blanquizco escenario de paz, de ausencia de conflicto.



De la nada empezó de manera exhaustiva, no cansada pero si de un torrente interminable, a regresar en el tiempo, obligado a dejar ese espacio de paz, dejando atrás el desayuno de huevos estrellados con tocino, del birote, la taza de café y el cigarro. Ni siquiera tuve tiempo de mirarme en el pasado, todo pasaba tan veloz en búsqueda de un algo obligado, irreconocible, un olvido en la memoria.



III.



- ¿Donde estamos Damián?- preguntan



Justo cuando entiendo que hemos dejado todo atrás, mi mirada gira a los alrededores. Los edificios enormes, tan altos como los piernas de un gigante. Abajo todo es movimiento, el sol no aprieta su paso, aun esta la brisa de un frío que se aferra a los dedos. Es una mañana, la ciudad despierta. Trato de reconocer el lugar, miro a la gente que camina, todos a un punto, todos con un ritmo, con una prisa a un gran agujero en la tierra. Estación Insurgentes



Camino instintivamente, como parte de una gran marejada que entra por gravedad al agujero. Las escaleras que se adentran desde la superficie, los pasos acelerados de la gente, una morena con sus pequeños levanta una mano de cuchara sin decirme nada. Un escenario dramático, las prisas nunca han sido parte de mi vida, las deje por la buena hace tiempo. Casi llegando al pasillo, mi hombro se avienta empujado por una pareja que camina apresurada. Uno lleva una enorme mochila a la espalda, ella lo toma de la mano. Llegan a la ventanilla y compran sus boletos alejándose rápidamente.



No les alcance a ver las caras, pero reconocí el momento, reconocí la partida.



- ¿Quienes son? - pregunta la voz de Mónica



- Soy yo, estoy a punto de irme – respondo seguro.



Volteo y veo a Mónica, no como Mónica, si con sus ojos inconfundibles, pero vestida de ejecutiva, con un maletín negro en su mano derecha y un Blackberry que encuentra sorprendida en su bolsillo.



- ¿Que haces aquí?- Le cuestiono



- Vine a ver con mis propios ojos que es todo esto



No me apetece del todo la morbosidad de su intervención, pero que importa, ellos ya se han adelantado bastante y solo esta la posibilidad de seguirlos y encontrar por que es tanta la prisa.



- ¿Tienes dinero? - Pregunto acelerado- hay que seguirlos



Ella sonríe, abre su bolso y me pone en la mano una moneda de 5 pesos. Me apresuro a la ventanilla donde una señora de lentes atiende



- Dos por favor.



Volteo al fondo de la estación, los dos jóvenes se han adelantado bastante, esperan ya en las vías. Tomo la mano de Mónica y le arrebato de su lugar. Empujamos a la gente ante la mirada furtiva de un policía, pero enseñándole los boletos y la sonrisa sensual de ella, nos deja en nuestro camino.



Caminamos, acelerando el paso como si los pies empezaran a entender la situación, la importancia de una búsqueda de lo desconocido, como un tesoro revelador que infunde el ímpetu de continuar, con la misión sin cuestionamientos de acelerar, acelerar al paso en cuanto el tren se detenga en el anden. Los segundos abren las puertas. La gente que se mete al vagón y busca inmediatamente un asiento para la travesía. Y nosotros ya corremos, como entre un bosque en llamas, dejando a la gente atrás en el olvido, en esa pasmosa penumbra vacía.



Justo cuando el tren advierte sus últimos segundos de estadía, justo en ese último que nos esperaba con su mano para tomarnos y dejarnos entrar, me doy cuenta que el tren se mueve con nosotros dentro. Mónica mira su Blackberry y voltea detrás de su hombro a un asiento amarillo, para minusválidos y personas de la tercera edad. Se sienta y me toma una fotografía.



- ¿Entonces eres tu el de sudadera verde?



Asiento con la cabeza



- ¿Y ella? Están enamorados – me dice sonriendo- Se nota. Mira nomás como tomas sus manos, como si quisieras encontrarles el alma, enredándose para que no se separen nunca. Y ni miras como ella te mira, con unos ojos llenos de ternura. Es una escena melosa sabes, mientras todos vamos al trabajo, ustedes se aman, una típica historia romántica en el metro de la gran ciudad.



Cuando dijo eso, recordé que eso pensé, que talvez eso le dije, que eso lo sentí. Cuando estuve allí comprendí que esa vez había sido mi ultima emoción. Vi mis manos con las suyas, ambas tan suaves como las nubes. Y ahora las mías duras y corroídas por el tiempo. Comprendo ahora, que ese día sacrifique todo y no lo sabia, cumplir la misión ese día de irme, el boleto escondido entre mi ropa, y mientras las estaciones pasan, llegaremos a Pantitlán y cambiaremos a la línea amarilla, y allí no habrá vuelta atrás.



Un vaivoneo del tren me hace ver a Mónica. La ejecutiva concentrada apuntando en el teclado de su aparato todo lo que esta pasando.



- ¿Ahora entiendes como eres?- me dice sin verme.



No me gusto su pregunta, menos la respuesta. Veo mi imagen reflejada en la ventana del vagón, entrecortada por las luces del túnel. Puedo ver sus espaldas juntas, ella acomoda su cabeza en su hombro, el la acepta y se acomoda en ella.



- ¿Y si cambiara las cosas? – me digo



Mónica olvida su aparato y me ve sorprendida.



- Damián, te das cuenta que este es un evento pasado, la conclusión esta definida en tu presente, esto es solo un episodio reprimido en tu memoria. Por alguna razón, los eventos que siguieron a este decisión no fueron el monumento que construiste, y sin pensarlos los borraste de tu mente, desde el inicio, desde este momento.



Maldita vieja, aquí me esta diciendo que ya jodido no puedo cambiar las cosas. Si ya estoy aquí.


Estación Gómez Farias.



Continua sermoneándome. Pero ya no me importa, solo estoy concentrado en mi, en ella, en ambos. En el cierto suceso de momentos después de este momento, el amor distante que se marchita como una planta sin agua. Estación Zaragoza.



- Aquí es – afirmo interrumpiéndola



Mónica se levanta con el aparato en sus ojos, camina con su codo en mi mano, gente intenta entrar, intenta a empujones salir, es por Pantitlán, yo lo se, ella no, la empujan un poco, apenas sale del tren, apenas se cierra la puerta del tren y meto mi mano, la dejo en la estación que se aleja también en la penumbra.



Ahora estamos solos, ellos dos en los primeros asientos frente a la puerta, yo viéndolos desde el segundo vagón. Lo que fue la voz de Mónica cambio por la música de un viejo gordo con un estéreo amarrado de su mochila, las bocinas escondidas, pero en su frente el aparato reproduciendo música de los Bukis con José José, en la mano varios discos piratas, yo me paro detrás de él, siguiendo su lento paso en busca de clientes, en busca del paso que debo dar para detener el preámbulo de un colapso.



A todo volumen llegamos a Pantitlán. Y en Pantitlán al tren se le derrumba la gente, los pasillos se retacan, se acaba el aire en el camino de las masas. La pareja empieza alejarse, siguen de prisa las flechas a la Línea Amarilla. Inmediatamente inicio mi persecución, detrás de ellos que se alejan entre la marea humana. Me siento como nadando en contra de la corriente. Cada que siento avanzar, ellos se alejan de mi, como si caminaran sobre las cabezas de las personas, imposible ser mas rápido que esto, no hay espacio entre este concurrido maratón. Si sigo así nunca los alcanzaré, nunca podré detenerlo, dejarlo aquí con ella.



Me brinco un barandal al pasillo donde la gente va en sentido contrario. Voy a contracorriente, un policía podría detenerme. Pero que importa. Me es mas fácil correr hacia ellos como una locomotora desbocada para que sean ellos quienes se quiten de mi camino. Y corro como loco. Corro por última vez, respiro tan fuerte para no parar. Por que el amor real se aparece en tan pocos momentos que embriagados lo sacrificamos como dioses a sus creyentes. Por que una vez sólo, la vida se vuelve tan sin sentido, tan mía, y mío es lo que conozco, y entonces la rutina de pareja que tanto evite se introduce por mis venas, y el cansancio de los dias es tan pesado, que dejan de importar. Ese yo no tiene por que boicotearse el futuro, sino probar la emoción, al menos sentir el amor de aquellos labios que lo besaron con ternura, al menos aventurarse.



IV



Mi mano apresurada brinca el último obstáculo y quedo a escasos centímetros de mi. Me impresiona un poco verme de tan cerca, la oreja tan despejada de ruidos, la mirada tan certeramente concentrada en su camino, el avance de un avión a punto de despegar.



Jalo la tela de su codo. El me ve, nos vemos unos segundos tan eternos como el gato del café, no estoy realmente seguro si me esta reconociendo, pero yo no puedo dejar de verme, de esta posibilidad de reconocerme antes de hoy, veo que ella no presta mucha atención de mi, seré acaso otro loco vagabundo que habita los inframundos del sistema del metro de la gran ciudad. Noto inmediatamente que esta a punto de abandonarme, desesperado con el tiempo pisándole los talones, lo único que se me ocurre decir para regresarlo es.



- Quédate.



Un verbo afirmativo en presente. Una acción y mejor aún, una orden. Era una orden que le daba, ella me volteo a ver intentando encontrar la boca de aquella orden. Su mano no se alejo de el, de mi, y yo, solo me vi como intentando descifrar el misterio detrás de la carne en mi cara.



- Tengo que irme amigo, voy tarde para mi vuelo.



Justo termina y me entra una furia, por debajo de mis parpados y como una chispa en un río de combustible avanza hasta la punta de mis dedos. No comprendo aquella firmeza decidida, aquella prisa a lo desconocido, peor aún después de encontrar lo buscado. De seguro nota que mi cara se transforma porque da un ligero paso atrás, ella se cubre detrás de él.



- Esta bien amigo- me dice volteando a sus lados, buscando algún policía que encierre para siempre en mi pasado.



Regresa su mirada y enseguida voltea a verla. Se miran mientras el husmea con su mano izquierda un pantalón desgastado que usé. En ese momento pude verla un poco mejor, verle los enormes ojos como destellos de estrella, su cabello que cae suave como selva desde una montaña sagrada. Aquella mirada, inteligente, llena de sentimientos, pero especialmente era una mirada al corazón, una entrada que mostraba su yo sincero, desmascarado. Su boca no decía nada, solo su mano que no dejaba de apretar la mía, la suya, y me miraba de reojo, pero nunca a los ojos. Talvez ella si entendía, pero yo, ese joven no entendía. Cuando sacó unas monedas, y cuando iba a dármelas, no me contuve más.



Lo tome de la mano y lo jale, rompiendo la cadena con ella, y alejándolo un poco ante la mirada curiosa pero nada intervencionista de los capitalinos tan acostumbrados a estos ataques de delirio.



- Amigo, quédate aquí, quédate con ella- le digo señalándola con mi mirada.



El voltea a verla, una ella parada, inmóvil. La multitud que no a cesado su paso, creciendo en número. Un segundo vagón, llegando desde pinchi Barranca del Muerto.



- Toma- me ofrece las monedas- me tengo que ir amigo- me resuelve



Su brazo deja de ofrecer resistencia, los segundos, los minutos que no dejan de caminar vestidos de traje, de falda ejecutiva, con mochilas llenas de apresura, su cabello que empieza a desaparecer entre ellos, los vagones que llegan con más cuerpos desde Observatorio, y la gente que viene de regreso y los vagones anaranjados que no dejan de pasar, y aprieto mi mano a su brazo, entierro mis uñas a sus venas para que vea el futuro de sus actos, que alcance a ver lo que nadie sabe hasta el futuro, y que yo sufro saber.



- Me tengo que ir, si no perderé el vuelo.



Y veo el reloj que se detiene un segundo y retrocede, que el reloj suda sus números, su intención de seguir contando el tiempo, con un sudor salado, con una humedad invadiendo injustamente un invierno de sudaderas y rompevientos. Ella ha desaparecido entre cuerpos que se han vuelto un caos en el pasillo, caminando sin rumbo. Intento buscarla con la mirada pero es imposible. Los cuerpos empiezan a toparse unos con otros, torpemente caen al piso. Sus facciones pierden humanidad, maniquíes sin caras, se vuelven lisas como la nada, y cuando me veo también veo que su cara es lisa, con el sombrero y con una barba de plástico, los sonidos empiezan con un largo eco a mantenerse, un calor que no deja en paz, derritiendo los pilares de las estaciones, al chofer del vagón reventado contra la ventana, de la mano líquida de un mono sin vida desbaratándose ante mis ojos, lo arrastro desesperado, reventando en el camino las masas que caen como viejos jarrones de agua. Mis lágrimas arden en mi mejilla, crujo con tanta fuerza los dientes hasta reventar mis molares en mil pedazos, el último intento se sacrificó a si mismo antes de acontecer, en contra mía, todo en contra mía. Un rechinido se escucha desde la sombra del túnel, el ojo de la serpiente metálica que se acerca y me detengo en la línea de seguridad para los usuarios. Ningún mapa muestra colores ni destinos, con su mano que se vuelve solo aguada masa de tortilla rancia. Su cabeza en su última posición, aclarándome que se tenía que ir, con unas monedas que no te acepto para que tu las ofrezcas a Caronte en el río de los muertos, y que pase por ti y te aplasten en las vías del tren hasta donde tengas que ir.



Luego el silencio, completo, sin nadie que mire, esa penumbra que dejé en Estación Insurgentes empieza a llegar, y con los ojos reventados, respiro lentamente, tranquilo me dejo consumir.


Prensa libre, libres de dudar.


Las conmemoraciones nunca son un buen momento para decorar, pues la celebración suelen no permitir los cuestionamientos. La fiesta y el protocolo se usa como endulzante de agua loca, y cuidado, siempre con cuidado con el agua loca, pues en su fondo esconde el mal . Algo ha acontecido en nuestros tiempos, donde cuestionar se ha vuelto cansado, tanto para el pensante como para el oyente. El divorcio entre dudar y razonar se hace notorio en las ciudades. Parece que la gente busca solamente recibir, la facilidad ante todo, y en este caso, comer todo lo que la prensa informe.


Hemos caído en una doble pecado de soberbia. Por un lado, están los ciudadanos quienes por el solo hecho de leer tiene la creencia que en automática se obtiene el conocimiento.


Por el otro lado, no queda mas que claro, que estamos inmersos una época libres de la libertad de prensa. Por que la gente no quiere escuchar cuestionamientos, por que el director del medio informativo no gusta meterse en problemas, por que el gobierno paga espacios y los paga bien y así los de comunicación social tienen la libertad de llamar directamente al editor cuando una nota no sea del agrado del político en turno. Por que las empresas chantajean con retirarse de la cuenta publicitaria, por que el narcotráfico ha infundido tanto miedo para los periodistas, que prefieren no hablar de las ligas de corrupción que dominan nuestras ciudades.


Para suplir la libertad de prensa se contrato a gente que habla y habla de temas sin sustancia, carentes de enseñanza. Se ha confundido prensa libre con programas interminables de fútbol, con chismes de Luís Miguel y las nalgas de la Guzmán.

La libertad de prensa no puede depender de la irritante y soberbia voz de un periodista para una país de millones. No es posible depender enteramente en los periódicos serios y los miles populacheros para informarnos. Al final somos nosotros quienes preguntamos, somos quien dudando aprendemos a reconocer lo que sucede a nuestro alrededor.


El Día de la Prensa libre es una cachetada para los diarios oficiales de México, para le televisión protocolaria y cuadrada, para la radio de babosadas.


Duden, la duda es la semilla del conocimiento. Quien se sienta presionado por las dudas, es que gusta de verdades de acero. Esas no existen, la vida cambia día a día, las caras cambian, los paisajes, los gobiernos, las formas de informar, las miles y millones de imágenes que están en el torrente y las otras miles y millones que no.


Estamos ahora, en un momento para dudar libremente, de uno, del todo.

Olvidar lo memorable

Olvidar lo memorable


“Por medio de un exceso de obligación del recuerdo uno abusa a la memoria, al separarla de su doble constitutivo, el olvido."



Extraído de La comunicación: memoria y olvido, conferencia magistral de Herman Parret, en el marco de las Terceras Jornadas Internacionales Peirceanas, Mexicali, abril de 2010.



A según el año, celebramos los 200 años de la independencia de México, y los 100 años de la revolución mexicana. Para algunos, el evento no significa nada, incapaces de conectar el largo hilo de actos y consecuencias, el hecho pasara como una conmemoración mas, talvez y con suerte, un par de dias de asueto que se repeguen al fin de semana.



Los que mas desean esta celebración, son obviamente los políticos, por que en su discurso pueden acomodar los actos del presente. Todo acto, se justifica si lo aplican inteligentemente a una larga trama novelesca que nos lleva desde el grito de Hidalgo hasta el presidente Calderón. Por eso para ellos la trama del bicentenario es de suma importancia, por que es la hora de que el país se una bajo una misma bandera, bajo un mismo discurso, bajo el mismo cántico de cielito lindo. Vivamos juntos como hermanos la memoria de México.


Los críticos saben que eso no es cierto. Que la realidad no esta ni cerca de ser la realidad que buscaron en sus tiempos los insurgentes. Los críticos piensan que la realidad es sinónimo de la realidad que aquellos insurgentes combatieron, y los críticos anhelan por dentro que alguien se atreva a levantarse en armas y continuar con el vicioso ciclo histórico mexicano.


¿Entonces que es lo que vamos a recordar?


Ciertamente, la celebración del bicentenario ahora aparece como un órgano de coerción a la memoria. Nos obligan a recordar el pasado de nuestra historia mexicana. Es como dice la memoria de mando, recordemos, lo que es recordable por favor.


Los globos se han inflado y las hieleras estan repletas de aperitivos, el aparato estatal ya esta hechado andar, por lo que me apego a que la maquina de coerción memorial habrá de continuar hasta su objetivo final. Cierto es que la obligación de entender la memoria practica del gobierno funcionará, con dádivas, en muchas personas. Pero es una arma de doble filo. Pues quien obliga a recordar, se mete en los terrenos pantanosos del olvido. No esta en la habilidad de todos, andar inmiscuyendo en la mente de alguien que reprime un horrible episodio de su pasado, en este caso, la violación de su padre y una madre que desecha la posibilidad de ese acto.


Jugar con el olvido, nos hace recordar cosas, ver cosas que no vimos, entender la maraña de situaciones y cómplices que ayudaron y dejaron que un acto suceda.


Y nos hará recordar que somos una cultura que no nos cansamos de repetir la historia, la mexicana, solo esa, que el olvido y la memoria nos han traicionado. Que no hay nada que celebrar, cierto, que la situación esta mal. Pero que yo no participaría en ninguna revolución, por que ahora si, seria chingarme a la memoria de mis futuros, y eso seria el colmo.

Salvador


Así, después de que Herodes juzgo de loco a Jesús, los fariseos lo llevaron de nuevo ante el gobernador Poncio Pilato, dice el comentarista.



Un hombre corpulento sienta la espera, viste de manta blanca y una túnica azul zafiro le cruza el hombro derecho. Su mirada se postra lejos, mas lejos que la muchedumbre alborotada por ese tal Jesús que vuelven a traerle. La ansiedad navega por sus venas, bebe largos tragos de su copa de oro pintado.



¿¡Quieren que juzgue un hombre inocente!? grita frente a su trono, mira lentamente como juzgando al publico que espera debajo de sombrillas y tejuinos con popote. Enfocan la cara de Jesús, cabizbajo y cansado, el pelo bañado en el salitre de su frente, sus manos atadas con mecate amarillo, no habla, espera.



Un paneo muestra la panorámica del lugar. Centro urbano conglomerado, de cemento, una multitud de sombrillas y sombreros de paja que sigue la caravana del juzgado. Niños caminan de la mano de su madre de nuevo embarazada. Los balcones llenos de mirones, niños arriba del barandal, la abuela con la mano derecha cacheteando al sol para dejarla mirar el espectáculo. Sobre el techo, unos jóvenes miran con curiosidad, otros, al primer motivo se concentran en molestarse entre si, las risas de los empujones y el quejido del ultimo, que al protegerse de un azote, dejo caer su mano sobre una piedra que sin mucha dificultad traspaso la dermis de su palma.



Su mano se apega a la taza de café humeante, canela que huye evaporado hasta el escapulario colgante, cuatro giros en orden de las manecillas del reloj, la retórica de su regreso que pareciera auspiciado por el humo del café, tan cercano al pedazo de tela colgada, que su santo toma un baño de vapor antes de que termine sumergida en el espeso liquido.



No hay mucha luz, mas que del televisor que no ha dejado de cambiar de tomas, Poncio Pilato conversa con su mujer, ella le pide que no juzgue aquel hombre justo que vio en sus sueños, un hombre inocente. La luz del televisor se difusa con la que entra desde la calle, polvorienta. Una mesa con dulces de cacahuate y ciruela envueltos como guardián de la puerta . El sillón verde, amodorrado por las múltiples sentadas a través de los años, Chava concentrado en el televisor, su taza de café con canela humeante. La fotografía del matrimonio de sus padres en la parroquia de San Bartolomé, el padre Cipriano dando su bendición. A lado derecho fotos de el cuando pequeño, con el mismo padre pero con cicatrices notorias del tiempo, la imagen es antigua y a tornado amarillenta, luce una sonrisa fiel pero amarilla como dientes de fumador, o tomador de café con canela. Así continua la vestimenta de la pared hasta llegar a la pared que termina en la salida ( o entrada) de la casa. La obra máxima, protector de los Valtierra, comprada en el 95 en Talpa, es un Cristo crucificado labrado en encino, su cabellera de pelo de caballo, el detalle exacto de su cara, su triste mirada, caída en el dolor.



Chava lo mira, los ojos rojos, abre los orificios de la nariz como agallas de un pez que busca el oxigeno en un mar de aire. En la mesa la capirotada esta destrozada, desparramada en el plato de plástico, los cuerpos de dos pasas yacen sin vida.



Poncio Pilato se aleja de su mujer, mira al horizonte y pronuncia



“ No entiendes el dilema de esta tierra maldita, dice Poncio, que si no juzgo a este hombre justo, Califas y los fariseos armaran una revuelta, y si lo juzgo, los seguidores de este hombre se levantaran. De cualquier manera , se derramará sangre”



Chava lo mira, penetra con su mirada entre los pixeles a sus ojos cobardes.



Culón - respira quedito la boca de Chava.



El viacrusis mas concurrido de México, el de Iztapalapa acaba de entrar en uno de sus momentos cúspides, dice el comentarista de la televisión, pues es ahora que oficialmente comienzan las estaciones de la pasión de Cristo. Ante la complicada situación de Poncio Pilato, la presión de los fariseos, el gobernador romano no encuentra otra solución mas que el castigo de Jesús de Nazareth, la imposición dolosa de latigazos sobre su espalda, la coronación de espinas y la crucifixión de su cuerpo.



Traen a Jesús, lacerado, ensangrentado bajo las ropas y las burlas de los soldados romanos. Una señora llora entre la muchedumbre, la cámara enfoca las lagrimas que se derraman de tristeza. Chava derrama lagrimas también, pero la mueca de su cara no es del mismo sentir, si no de coraje. Poncio toma el micrófono, ¡véanlo, ha sido castigado!



Califas, levanta el báculo en su mano, sin titubeos retumba- ¡crufiquenlo!



Las voces de los romanos repiten la orden, ¡crucifíquenlo! ¡crucifíquenlo!



El silencio inunda el ambiente, Poncio los mira sin comprender la saña que inunda los corazones de aquellos hombres que buscan la muerte de este pobre hombre. Recuerda al Cesar, su advertencia cuando estuvo en Roma, si cae sangre en esta tierra, la próxima será la tuya. Discierne un momento, su cara se desfigura ante su situación entre espada y pared.



El publico mira atento, desde los cielos el helicóptero revuela sobre el palacio de papel de Poncio Pilato. Escapa humo de su motor, el corazón de un hombre que espera el veredicto, un hombre justo inmerso en paz castigado con dolor. Un enfoque sobre la cara del gobernador, su ultima oportunidad para cambiar la historia de la humanidad. Poncio Pilato hace un ademán a un joven que espera inmóvil a su izquierda. Se corta la respiración del cuarto, sus manos se unen, y habla tan quedito que no se escucha que dice, esta orando.



El joven trae una bandeja con agua y la sostiene frente al gobernador.



Bien - dice mientras levanta las manos al aire- si tanto piden la muerte de este Jesús de Nazareth, háganlo ustedes- apenas sumerge las manos en el agua cristalina sin dejar de mirar a la conglomeración - que sobre sus descendientes recaiga la muerte de este hombre, yo no seré participe- aletea sus manos para salpicar gotas al piso, toma una franela del joven y se seca las manos - Llévenselo.



Que decepción aquel desenlace. La cara de Chava se caen de sus manos. Después de este veredicto la historia no podrá cambiar, voltea al televisor con los ojos rellenos de lagrimas, su boca apenas se abre entre la espesa saliva que la aprieta, voltea a ver al Cristo que lo mira desde la pared, suplicante, lo van a matar, el lo sabe, todos lo saben, el carga la culpa de todos, y nosotros por no hacer nada generamos nuestra propia culpa.



En la televisión continua la cobertura del evento, pero nadie parece escucharlo, el dialogo se desfigura en notas básicas, en sonidos inentendibles, monosílaba tras monosílabas que adornan el cuarto frío, el humo del café junto al terreno erosionado de la capirotada, los pasos atolondrados desde lejos hasta llegar a la entrada de su hogar.



- Pa´, ya vienen, lo llevan a Poncio Pilato.



El padre levanta la cabeza y asienta al pequeño, no mira mas que a si mismo, hosanna en la tierra, hosanna en la tierra vuelve a repetir en voz baja, cierra los ojos y murmura, tan bajo que casi llega al silencio. Mete su mano bajo el colchón del sillón verde y encuentra el filo de su machete. Se levanta y sale del cuarto, dejando la taza café con canela todavía humeante en la mesa.

SILENCIO



El silencio se hace presente, como el vacío de palabras que te permite cerrar la boca, evitar al pensamiento y simplemente estar. Los momentos de ahora son fugaces, se pierden por nuestra constante necesidad de pensar, tanto en el ayer, como en lo que habrás de hacer para continuar. Un viaje en coche siempre ejerce esa presión sobre sus transportados. La burbuja de metal que camina sobre el asfalto a una velocidad constante y con un destino especifico, con una rapidez que evita disfrutar de un momento que huye velozmente. Ella se pierde en los árboles que corren despavoridos en dirección contraria. Nunca, pero nunca alcanzo siquiera a mirarlos bien, no pudo encontrar la forma de sus ramas, notar el curioso color de sus hojas protegido por aguerridas espinas. No sabrá que pasando las lluvias, aquel árbol dará una flor rosada y que una vez polinizado, regalara su fruto a quien así lo desee.


Así transcurre todo, en un silencio tan abrumador que empuja a la desesperación de la imaginación. La mente, incapaz de estar tranquila en los cuerpos de los inquietos, empieza a maquinar una serie de escenarios que otorga a las personas que lo rodean. Juzga a través de sus sentidos, que la forma de sus manos, la posición de su cuerpo, su mirada perdida, han de significar algo que lo lleva a uno entre medio.


La urgencia de actuar ante tal escenario se hace presente. Que tal si, esta esperando algo de mi, que tal si, se ha aburrido del viaje, que tal si, no piensa en nada de lo que yo pienso, no, eso no, seguro siente algo, no tengo certeza de que, pero algo. Podría ser odio o amor, lo que da vida o muerte al escenario. La mente que se esmera en crear un escenario no gusta de la muerte, el odio, pues supone le destrucción de la estructura imaginaba, por lo que actúa a su favor, modifica todos los elementos y crea, a su parecer, una ecuación en la que un pequeño acto de su parte es necesario para desencadenar una marejada atorada en un banco de arena.


Cigarrillos se prenden y mueren al instante que renace otro. Construye tácticamente las palabras a usar. El orden de su enumeración podría facilitar el puente de comunicación, o un soplo que desmorone la quebradiza estructura de palillos. Y vuelves a preguntarte, será que me detenga para detenerla, o mejor decirlo en el camino, será viéndola por el espejo o aventurarme a manejar mis ojos a los suyos. Analizas el momento, han pasado ya varios kilómetros de tiempo, y aun el silencio es rey del momento. Tu boca se arma de valor, formas palabras afiladas , así, tan listo para gritarle, la valentía de un guerrero, diezmando al sentido común que te cuestiona el fin de tan atropellada epopeya. Lo ignoras.


El silencio, dios omnipotente, ríe ante el teatro de las mentes. Una, sencilla y apacible que en blanco se dedica a estar en el momento, sin sospechar lo que la mente contraria maquiavelea en su contra, el otro, tan enredado en su propia telaraña que ahora es incapaz de tentar el piso.


El silencio espera el siguiente acto, cuando hablo, se sienta en el asiento vacío y mira el espectáculo que cocinaron en su honor.

Excitantes Pantallas Mediáticas


No hay nada que mas me emocione en la televisión, que las pantallas mediáticas. El uso de la palabra pantalla se rige por definición, de un material que muestra información grafica, y simultáneamente tapa un escenario real. De tal manera que ver una película en la pantalla tanto del cine como de la televisión, implica forzosamente dejar de ver el ambiente circundante. Las pantallas, como todo ser vivo, se alimenta de la atención, fuente primaria de nutrientes.


En México, las pantallas son muy usadas. Me arriesgo afirmar, que la televisión es ya, un elemento esencial en cada hogar, casi en la rubro de la canasta básica.


Las pantallas nacen de los medios que se dedican a crear el alimento grafico que muestran las pantallas. Estos deciden mostrar lo que a su visión, es del apetito de la audiencia mexicana. En veces han de utilizar, por cuestiones políticas, historias pantalla que nos sorprenden y de manera agresiva nos absorben.


La estabilidad de una sociedad como la nuestra, depende de la pasividad. En momentos de crisis o caos, el Estado o gobierno, urge de llamar la atención a otro lado. Es como cuando un ladrón muestra carne al perro guardián, el tiempo suficiente para que su compañero pueda trepar por la reja y entrar a la casa para cumplir su objetivo.


Veo televisión. Soy parte de la audiencia. Pero no hay nada que mas emocione que las pantallas extraordinarias en la programación. No pasan todos los dias, solo en los momentos en que se necesiten.


He tenido la bendición de ser espectador de tres espectaculares historias en el río de información mexicana. Una. El caso de Diego Santoy y su homicidio de Erick y Maria Fernanda Peña Coss en Monterrey. Dos. Los tiburoneros de San Blas, Nayarit, que sobrevivieron a un naufragio de 9 meses. Tres. La muerte de la niña Paulette Farah.


Las tres historias (digno material de programas como Primer Impacto) comparten ciertos atributos. La principal, es su repentina y sorpresivo galardón como portada noticiosa en la extensa mayoría de los medios de comunicación. Esto deviene del cuerpo del caso, construido en un drama total. Inventados o no, estos casos se quedan inmersos en los medios, por semana o dos al aire, dando los primeros dias toneladas de información, seguido por pequeños bocados según pasa la semana. Concluye las similitudes en que sin mucho problema, se vuelven el tema de la población, que creyentes o no, lo comentan en el día.

Los tres casos también comparten su exclusividad por parte de las dos principales televisoras del país. Televisa y TV Azteca, simultáneamente con sus informadores estrella, estallan la noticia en las mentes del pueblo. Los demás medios, sabiendo o no la veracidad de la historia, se suben al tren e informan al día siguiente, ya que saben si no informan del “hecho” perderán lectores. Perderán dinero.

Me interesan este tipo de pantallas por una simple razón. Una duda totalmente personal. ¿Serán acaso estas noticias tan importantes como para tomar la punta de la información diaria? No niego, nunca, que en el país pasan este tipo de casos y peores. Lo que me lleva a preguntarme, que tienen especial estos casos como para darle un seguimiento tan minucioso.


En los tres casos, no me queda duda, el ambiente social, político y económico del pais pende de un hilo. En el primero, justo cuando se negociaba en la Cámara Legislativa la famosa Ley Televisa, justo cuando se había aprobado la controversial ley, justo al día siguiente, sale a la luz el caso de Diego Santoy.

El cuento de los tiburoneros que sobreviven a un naufragio de 9 meses ( historia tan increíble como los cuentos de García Márquez o el guión de la serie Lost), historia absurda, llena de baches y contradicciones, surge en pleno apogeo del entonces presidenciable izquierdista radical, Andrés Manuel López Obrador.


El tercero, el caso de Paulette, la niña asesinada por sus padres, me hace pensar, según el estilo de la pantalla, que podría tener una vinculación con las declaraciones del Mayo Zambada a Julio Scherer para la revista Proceso. La afirmación, para muchos clara, que la guerra contra el narcotráfico es una guerra perdida, que justo cuando cortan la cabeza de uno, como hidra de Lema, da dos o mas cabezas resurgen. Espero que sea por eso, sino es que es algo peor.


La pregunta clave sobre las pantallas no solo es su utilidad como cubierta de la realidad. Si no, lo que me es mas preocupante, si de tanto material negativo, solo sentimos y actuamos ante este tipo de noticias amarillistas, confirmándonos inmunes a realidades mas importantes, tanto personales, locales, nacionales e internacionales.

Lo que me lleva, como conclusión.

La realidad duele. Por eso nos encantan las pantallas de fantasía.

Un temblor fractura la Paz Cachanilla


A esos de las 15:40 minutos del domingo, ( con la curiosa espera de la resurrección del ultraseñor) la falla de San Andrés decidió deshacerse de esa energía de mas. Sin aviso y con clara premeditación, alevosía y ventaja, la tierra oscilo por varios segundos, derrumban a su paso libreros y jarrones de inmenso valor familiar.


El miedo empezó a surgir de entre las grietas. Como las pestes de siglos pasados, nadie fue inmune a él. Los vagabundos, excelsos en el desmaterialismo, corren despavoridos por el que suponen es castigo de un ser supremo.


También los muchos pecadores, tan egocéntricos como siempre, suponen por su sombra se juzgan sus actos. Los ideales, dan el sentimiento de ira a la tierra, que en venganza de tanta violación sexual, no siente remordimiento con ver nuestra ciudad caer.


Pero a la tierra poco le importa, no es venganza de nadie, ni dios ni tierra, que carecen de emociones mortales como la de nosotros los simios, sino un paso que la frotera entre placas tectónicas naturalmente daría. Una matemática que tarde que temprano sucedería.


Lo que me interesa es ver a la gente de Mexicali despierta de la rutina. Los que pensaron que habían alcanzado un bienestar con llenar un mueble de bisutería


Se empieza a desquebrajar una sociedad que piensa que una ciudad de puentes y dobles piso son signo de progreso. Aquella paz que todos nos autoimponemos, ahora se vislumbra como totalmente falsa, totalmente material.


El temblor no fue nada, calles se cuartearon, dos negocios se incendiaron en San Luís Río Colorado ( seguro por un pésimo mantenimiento de sus tuberías), y a los mas, todo lo que teníamos ordenado en las gavetas se fue al suelo.


Es un pelo de rana calva comparado con Haití o Chile. Pero el numero 7, magnitud del temblor, es un numero clave, alto, bíblico.


La rutina exageradamente monótona de una ciudad, sin muchas emociones, con el placer de el sedentarismo, de la cómoda existencia en una frontera invisible, de la cual depende enteramente la supervivencia de la ciudad. Ahora se vuelve el foco de atención de medios nacionales e internacionales. Y como todo joven, la fama nos apantalla. Los medios nos muestran como victimas, familias que ven con nubes de tristeza las bardas caidas, las banquetas rotas, los vidrios del cuarto principal reventadas.


Fue la ruptura del ciclo de paz, de esa paz forzada, la que abre los ojos de la comunidad. Pero que es lo que buscara la gente, acaso se excitará en su minuto de fama, acaso se volcará a un progreso, un escalón mayor en el nivel de desarrollo, o gustara del vicio de la anarquía cuando se lo permita. Que es, acaso lo que ciudad hará, cuando el desastre se lo permita.

El FBI arresta a nueve 'ultras' que querían atentar contra el Gobierno



Interpretaciones Bíblicas


Me queda claro, escuchando el pasaje bíblico de la pasión, que Jesús ante todo era un pacifista, que no gustaba del poder, por lo que en cierta manera mantiene ciertos aspectos de la anarquía. Anarquía una sociedad que de ser posible, fuera capaz de convivir en orden, y resolver los conflictos sin la violencia o sin lastimar al prójimo.


Pero dentro de aquella palabra, así como en muchos de los textos bíblicos, esta un personaje que representa la maldad. Existe por que somos malos por naturaleza. Por que existe la posibilidad no solo de morir, sino de dar muerte. Física, emocional o espiritualmente.


La maldad rompe con el orden, con la paz.


¿Pero el malo quien es? Es difícil, mas no imposible encontrar la maldad en la mascara que porta la raza. No todos usan cuernos y andan con patas de chivo. La maldad, como alguna vez escuche, no se protege con amuletos ni oraciones para delimitarlo, si la maldad ya esta dentro de la casa.


Digamos, que si pensamos que el gobierno es la maldad, ¿esta mal defenderse de él?

No acaso mucho grupos civiles buscan (no lo admiten pero buscan la libertad que coarta el Estado) la paz de quienes la ultrajan?


Entonces sale este grupo de blancos, los Hutaree de los llanos de Michigan. Que llegaron al acuerdo que al momento de la llegada del Anticristo, hay que defenderse. Fortalecer al Estado por el simple hecho de que siga existiendo, lastima el ideal de la libertad. Jesús peco al decir, al Cesar lo del Cesar, a Dios lo de Dios. Por que ese comentario fundamenta la existencia del dominio, del poder, y no cabe duda, si de por si por ellos murió, que el Estado destruye.


A devolver al negro a Namibia. Admito que tiene algo de gracia el comentario, pero concluyo que tanto el fortalecimiento del Estado lastima, como ver alguno de estos tipos en la calle en libertad.

Calles Paranoicas


Fotografía de Guillermo Arias



Cuidado con la camioneta que anda por las calles con los vidrios polarizados, donde andan unos morros ( estamos seguros que no son de aquí, son del sur) haciendo levantones. El hottoguero se la cura, aunque en el fondo si se le frunce el occipucio cuando envuelve la wini con tocino, por que nada que levantan al bato gordo que pidió tres hot gods, y luego a quien le cobran, pues a él.



Así, empieza la paranoia.



Nadie los ha visto, solo la sombra de un carruaje que desaparece con las almas de la gente. Una señora que simula el miedo lo comenta a la hora de la comida , al final del día ya lo sabe media ciudad. Al siguiente día sale en El Debate, el único periódico de la ciudad, y entonces se convierte en verdad.



De la nada sale medio mundo de conocidos que lo han visto, amigos de amigos que han sido testigos de levantones. Un recién levantado, recién abandonado, camina pidiendo un celular. Nadie habla , todos escuchan y crean con las sombras sus propias historias. Por que al final, como en la moda, quien no lo tenga (en este caso una historia), es relegado, desestimado. Los morros entran a una casa, con cuernos de chivo en mano y le piden de favor al dueño de la casa que los deje quedarse mientras pasa el fantasma que los anda persiguiendo. No lo amenazaron aunque la amenaza era implícita en la petición. De suerte no violaron a sus hijas, por que tenia hijo.



Las noches en la ciudad se han vuelto extremadamente solitarias. La gente no sale por que no ve a nadie afuera, y nadie sale afuera por que la gente se esconde. El miedo se cultiva adentro. La soledad se ha vuelto el único lugar seguro en el planeta. Se divierten solo los locos, los desalmados, los hedonistas que poco importan del futuro . En la ciudad de la paranoia, cada ruido de la ciudad se convierte en una amenaza, cada sombra de la noche en la muerte que viene a cobrar. El miedo se distribuye por las esquinas y prolifera como un hongo de pie de atleta en las regaderas publicas de la ciudad.



Al final la ciudad habrá de cobrar caro, ( cuidado amigos del sur, se ha desatado un chisme xenófobico) la gente necesita del corazón de un mortal, el cuerpo del culpable colgado en el poste del palacio, y aunque nadie quiera ser verdugo, todos lo desean, y solo hasta que la sangre del demonio sea derramada, solo entonces, la gente volverá a caminar en paz.



Y llegaran otros, y de nuevo llegara la oscuridad….

Choices and chances




Choices and chances


(Dialogue between Faulques, a war photographer, with a Serb sniper on the sixth floor of a dilapidated building in Sarajevo)


And how do you choose, asked Faulques. I mean if you shoot at random or select targets. Then the Serbian stated something interesting. There is no chance in this, he explained. Or there was very little: just enough for someone to decide to cross over there at the right time. The rest was up to him. Some were killed and another not. It’s that easy. It depended on the form of walking, running, standing up. Hair color, gestures, attitude. On the things he associated them. The previous day he have been pointing to a girl over fifteen or twenty feet, and suddenly a casual gesture reminded of his little niece, at that point, the sniper opened his wallet and showed Faulques family photograph. So she was not shot, choosing instead a woman nearby, looking behind a window, and who knows, maybe waiting to see how they killed the girl walking bare distracted. So saying that randomness is relative.


. . . . . . . . . . . . . . .

De elecciones y azares


(Dialogo entre Faulques, un fotógrafo de guerra, con un francotirador serbio en el sexto piso de un edificio en ruinas de Sarajevo)


Y como eliges, preguntó Faulques. Me refiero a si disparas al azar o seleccionas los blancos. Entonces el serbio expuso algo interesante. No hay azar en esto, explicó. O había muy poco: el justo para que alguien decidiera cruzar por allí en el momento adecuado. El resto era cosa suya. A unos los mataba y a otro no. Así de fácil. Dependía de la forma de caminar, de correr, de pararse. Del color del pelo, de los gestos, de la actitud. De las cosas con las que los asociaba al mirarlos. El día anterior había estado apuntando a una jovencita a lo largo de quince o veinte metros, y de pronto un gesto casual de esta lo hizo pensar en su sobrina pequeña- en ese punto, el francotirador abrió la cartera y le enseño a Faulques una foto familiar-. Así que a esa no le disparo, y eligió en cambio a una mujer que estaba cerca, asomada a una venta y, quien sabe, quizá esperando ver como mataban a la chica que caminaba distraída y al descubierto. Por eso decía que el azar es relativo.



Extracto de la novela El Pintor de Batallas de Arturo Pérez-Reverte



La Lenta Agonía de la Memoria

Extrañar, es la memoria que intenta revivir. Es la imagen guardada en una caja de recuerdos arriba del closet. Los recuerdos son objetos impresos en laminas fotográficas, instantes que eventualmente se vuelven transparente sin uso. Todo lo que deja de tener un uso se degrada al olvido.


Mi abuela ha empezado a perder la memoria. Resulta complicado tratar de entender su mirada inmersa en la nada. Responderle con la pregunta que recién responde. Duele ser testigo de la lenta agonía de la memoria. Así, a la vez que pierde importancia de los recuerdos del momento, he notado que vuelven detalladas imágenes de su niñez. Extraña los momentos que considera los mas felices de su vida, en el rancho donde crecieron sus mejores recuerdos.


Me gusta verla extrañando, revoloteando en su pasado, por que se que su ahora no tiene nada de bueno comparado con sus aventuras en el monte, montaba a caballo y recolectando flores pasando las lluvias.


Toma sonriente sus archivos mas viejos y los ojea uno a uno, lo de ahorita lo deja arrumbado al olvido.

Snowbirds


Migration is an important phenomenon in the universe. Every known being migrate in the search of balance. Planets and asteroids migrate, rocks do it, wind does, and so every animal in planet earth. Even plants like to migrate, get as far from papa tree’s yoke and start its own life project. Basically migration is the means in which a specie move from one geographical point to another. Usually motivated by survival instincts, we seek means that helps live on days. As for that, in the past our Homo grandpas traveled from their birthplace to whichever place where water and food could sustain a group of furry apes. Not knowing earths map, every step was part of a big global conquest.


Years of evolution just let to hairless apes commonly known as humans to dominate earth by migration. As we acknowledge our presence on earth, we’ve tried by all means to clearly manifest our independence of the animal kingdom, as our brain is so egocentric that by thinking he imagines we are superior from all species in the world. Truth is, we still have many animal habits that maintains us close relates to the kingdom, a presumptuous animal cousin ill say. So even now, humans migrate for survival instincts. Only today, migration is religiously (believers of human laws are just like believers of gods law) a bad habit of humans. Walls and visas are constructed all over the world to prevent migration.


Humanists focus on massive human movements caused by a chaotic human created system that develop regions simultaneously undervaluing others. By means of that logic, humans that are born in these undeveloped countries, search by all means to enter these “rich” cities, to live the dream of a successful and integral life.


Now, it is curious that in the other hand, some natives of developed countries enter a stage in which commodities and overdeveloped cities don’t satisfy their necessities. Answering their need, they unconsciously connect the full migrante infinite cycle, migrating against all system logic, to the south.


Southerns call them snowbirds.


I’ve known several snowbirds in the time lapse I been awake. Easily identifying the red tomato face, as for overexposing with enjoyment to the sun of our lands. I don’t get that excited with the sun, problem for me, having this called star over my eyes from 6 AM till 7 PM.


In desert festivals, it is necessary to act with intelligence. For in the day, the sun burns clothes away and some silly stupid, will hide from photons in the shadows of palm trees. Foreigners don know how the desert works, a bipolar zone, getting high temperatures in day, and getting freak in cold as the moon arises. So, it is highly recommended to find the music of your interest, and dance, dance to swallow that energy by photosynthesis, cuz the night is long and icy, so it be kind to use that extra energy for midnight adventures. On infrared cinema, we look just like on going steam machines on invisible railroads. Its funny how we never crash with people, it’s an unusual event, differing when we are car drivers, on which we loose the manageability of ambience resulting of disconnecting from the outside, and as we get as cold as death, we desperately approach anyone crossing for its heat.


So well, snowbirds fly up here and stand beneath cactus-palm drinking fresh margaritas. This type of migration is so quiet and low profile typed that nobody notices it (excepting good all fun weekend springbreakers). We are so concentrated on walls and visas, on the Central Americans and there suffered trip to the north, which we end up giving a small value for those who escape from the heavy white winters of northern land.


Motivations. Desire. It is desire for everything we don’t own that keeps the motor on going. Visitors have this magnificent opportunity to notice aspects that for locals, blinded by routine, cant see. In that way, new experiences we desire. Human routine lacks of experiences, system tries to control us by saying, and there is a way to effectively progress, stay here and work. There is this generation, that is going on back to nature instincts, progress is hardly found in one place, one need to constantly move on searching for the best suited environments.


Human progress now depends on proper migration interaction of species; as for nobody has a complete whole view of life. Everyone brings up baggage of knowledge from their particular home zone, information that can be used as currency in new spots. That’s how I think globalization works, as snowbirds come here, they learn about microscope land and the natural liberty that clouds and sun can give, and they show us a whole world of knowledge we just never though of.




Gift to Detroit


Aburrimiento

Lamento decirlo, la vida me tiene algo aburrido. Las aventuras de los dias se han vuelto increíblemente lentas y lamentablemente caras. Los viejos se han vueltos lentos, adictos a sustancias, que debo decir claramente, no estoy en contra de su uso, pero ahora que se me ha prohibido por prescripción medica a movimientos abruptos, emociones fuertes, golpes y sustancias fuera los nutrientes del alimento, me toca ver la vida desde la sobriedad.


Por ende ( con remordimiento por Hipólito) me siento aburrido a estar, me queda acaso escribir, leer, a caminar y a comer. El otro día me eché un pedo en el Caligari, fue algo gracioso ver como todos sospechan de la persona mas cercana, la mesera camina por el pasillo con el menú y absorbe mis olores hasta la sala adyacente, entonces la señorita vestida de azul , mujer de agudo olfato induce que proviene de su novio europeo que lee con dificultad los platillos. Y yo puedo sonreír maliciosamente mientras tomo café negro sin azúcar ni leche, culpable directo del gaseoso proceso digestivo.


Resulta que mis ojos han estado algo frágiles, ya no tristes, pero si encarcelados en un orden riguroso, aceptando la realidad impuesta, cualquier burla o chistorete queda corto a la realidad. Entonces me ha vuelto inmune a comentarios. No me gusta andar contando mis eventos privados, no de dolores ni aburrimientos, prefiero el silencio, aunque me desespero ver a la raza apendejarse sin mi, y luego preguntan como brutos desbocados sobre mi abstemia. Y luego comienzo a relatarles hasta notar entre su desconcentración y mi aburrido cuento que mejor es cambiar de tema. Llevo una semana sobrio. Una enorme prueba al autocontrol. Obvio queda prohibido la nicotina, entonces según la regla dorada, un vicio cubre a otro. Cual vicio encontré, perderme en los detalles diarios, ver la cara de la gente. Las raras facciones que conviven día a día. Los largos silencios con los que sobrevivimos. El tipo de risas que escucho desde el techo del departamento. Las luces que quedan prendidas en la torre de Chapultepec. Siempre la he visto, siempre he deseado encontrar la razón, la sombra pobre diablo que sobrevive para la empresa. O mejor aun, quien pide a su sensual colega de cubículo esperar a que todos se retiren para terminar con el proyecto, y quedar solos con un territorio a varios decimos metros del piso para desenfundar toda fantasia sexual. Eso estaría de wevos.

La Perniciosa Inactividad


Decía uno, piensa en todo aquello que es tuyo, desde la cosa mas pequeña hasta la mas grande. Empieza con tu pluma, tu libro, tu ropa, sus objetos personales, luego terminas con tu cama, su base, tu departamento, tu casa de dos cuartos, luego todavía lo mas pesado, tu espos@, tus hijos, tus padres y la bola de amigos. Cualsea la bolsa donde lo hayas puesto mas vale que sea fuerte, por que te aseguro pesa un mundo. Quienes siempre cargan caminan lento. Según el, los lentos son presa fácil. Claro, quisiera ser un león y entrar a un departamento que debía ser desalojado dos dias antes, para encontrar a una bola de humanos aun tirados sobre los sillones, fumando cannabis y prendidos sobre el televisor con sus divertidos juegos de colores.


La paciencia un día muere y despierta un ser sin sentimientos. Uno no puede estar siempre cuidando los actos de todos quien los rodea. Para algo se invento el libre albedrío. Para que no tengas que decidir por los demás. El máximo valor de entender la dualidad acción-reacción.


La inactividad se parece a la neutralidad. Es quemarte los ojos y amordazar al corazón para que no opinen al presente. El inactivo poco se preocupa, ni cuando la tormenta se asome con claridad en el horizonte, se mantiene estático, pues bajo su filosofía, nada esta escrito y la obra solo empieza cuando el telón ha sido removido.


Los hijos del presente, hedonistas por naturaleza. Me cuesta trabajo entender que no soy un hijo del presente. No puedes medir sin un patrón. No puedes saber quien es bella sin que tengas a una fea con quien compararla.


Mi defensa natural es retirarme de un calculado desastre. Seguro el desastre no sea tan fuerte como mi exagerada mente imagina. Pues también se que sobreviven (lo que deja un tema para otro ensayo, si ese estilo de vida no será mejor, si no será que algunos nos complicamos la vida con escenarios ficticios)


Aun así no pienso quedarme a probar suertes, cuando llegue la ola, ya estaré trepado en la palma tomando agua de coco.